Joan Salvador Escala Arnau
“Más de 25 años ayudando a pacientes a recuperar calidad de vida con un enfoque claro, honesto y personalizado.”
Especialista en patología cervical y lumbar · Tarragona / Reus
“Más de 20 años de experiencia y miles de intervenciones me han enseñado que, en cirugía de columna, la precisión, la honestidad y la calma del paciente son tan importantes como la técnica quirúrgica.”
- Joan S. Escala
Cirujano especialista en columna
- HERNIA DISCAL CERVICAL
- HERNIA DISCAL LUMBAR
- ESTENOSIS CANAL LUMBAR
- MIELOPATIA CERVICAL
- ESPONDILOLISTESIS LÍTICA
- ESPONDILOLISTESIS DEGENERATIVA
- PRÓTESIS DE DISCO CERVICAL
- CIRUGÍA DE DEFORMIDAD DEL ADULTO
- RADIOFRECUENCIA LUMBAR (RIZOLISIS)
La hernia discal cervical se produce cuando uno de los discos situados entre las vértebras del cuello se degenera y se desplaza, pudiendo comprimir una raíz nerviosa o la médula espinal.
Esta compresión suele provocar dolor intenso que se irradia al brazo (braquialgia), así como hormigueo, pérdida de sensibilidad o disminución de la fuerza.
En muchos casos, el tratamiento inicial es conservador, mediante medicación, fisioterapia o infiltraciones.
👉 Cuando estos tratamientos no alivian los síntomas o aparece afectación neurológica, se valora el tratamiento quirúrgico.

¿En qué consiste la cirugía de la hernia discal cervical?
La intervención quirúrgica se realiza habitualmente por la parte anterior del cuello, aunque en situaciones concretas puede abordarse por la parte posterior.
El objetivo es descomprimir y liberar las estructuras nerviosas afectadas, protegiendo la médula espinal y las raíces nerviosas.
Durante la cirugía se realiza:
La extracción del disco afectado (discectomía cervical)
En algunos casos, la ampliación del espacio de salida del nervio (foraminotomía)
La estabilización del segmento mediante implantes específicos
Y, si es necesario, la fusión del segmento utilizando injertos óseos
Recuperación tras la cirugía
Tras la intervención:
Se coloca un drenaje temporal que suele retirarse a las 24 horas
Es frecuente notar dificultad para tragar (disfagia), que generalmente se resuelve en pocas semanas
El alta hospitalaria suele producirse al segundo día
Se recomienda el uso de un collarín blando durante las primeras semanas
La mayoría de pacientes experimentan una mejoría progresiva del dolor y de los síntomas neurológicos.
Riesgos de la cirugía cervical
Como en cualquier intervención quirúrgica, existen riesgos, aunque son poco frecuentes.
Los riesgos específicos incluyen:
Lesiones neurológicas (médula espinal, raíces nerviosas o duramadre)
Lesiones vasculares (arteria vertebral o carótida)
Estas complicaciones son excepcionales (alrededor del 1%).
Cuando la compresión nerviosa ha sido prolongada en el tiempo, es posible que la recuperación neurológica sea incompleta o más lenta, incluso tras una cirugía correctamente realizada.
En casos poco frecuentes, puede aparecer un hematoma postoperatorio que ocasione dificultad respiratoria (alrededor del 1%), pudiendo requerir una intervención urgente para su drenaje.
Otros riesgos menores incluyen:
Alteraciones temporales de la voz por afectación del nervio laríngeo recurrente
Caída del párpado (síndrome de Horner)
Estas complicaciones, que ocurren en un 1–2% de los casos, suelen resolverse de forma espontánea en el plazo de unos meses.
La hernia discal lumbar se produce cuando parte del material interno del disco intervertebral se desplaza a través de una fisura de su envoltura externa y comprime las estructuras nerviosas situadas en el canal vertebral.
Dependiendo del nivel afectado, esta compresión puede involucrar las raíces nerviosas, el cono medular o la cola de caballo.
Este problema suele provocar un dolor lumbar intenso (lumbalgia) y, cuando el nervio queda atrapado, un dolor irradiado hacia la pierna conocido como ciática. En algunos casos pueden aparecer:
Pérdida de fuerza en determinados músculos
Hormigueos o alteraciones de la sensibilidad
Cambios en los reflejos
La detección precoz de estos síntomas, especialmente cuando existe pérdida de fuerza, es muy importante.

¿Por qué aparece una hernia discal lumbar?
La hernia discal suele formar parte de un proceso degenerativo del disco que se produce con el paso del tiempo.
La cirugía no revierte la degeneración del disco, pero sí está orientada a aliviar el dolor y los síntomas neurológicos causados por la compresión del nervio.
¿Cuándo está indicada la cirugía?
El tratamiento inicial suele ser conservador, mediante medicación, fisioterapia o infiltraciones.
👉 Cuando estos tratamientos no consiguen aliviar el dolor o existe afectación neurológica, se plantea la opción quirúrgica.
¿En qué consiste la cirugía de la hernia discal lumbar?
La intervención se realiza habitualmente por vía posterior.
Para acceder a la hernia se reseca una pequeña parte del hueso y del ligamento que cubren el canal vertebral (laminectomía y flavectomía).
A continuación se lleva a cabo:
La extirpación del material discal herniado (discectomía lumbar)
La liberación de las estructuras nerviosas comprimidas
Tras la descompresión, el dolor ciático suele mejorar de forma inmediata.
Recuperación tras la cirugía
El paciente puede levantarse y caminar al día siguiente
El alta hospitalaria suele producirse a las 24 horas
Se deja un pequeño apósito en la zona de la intervención
Cuando la compresión nerviosa ha sido prolongada o muy intensa, la recuperación neurológica puede ser incompleta o más lenta, incluso tras una cirugía técnicamente correcta.
Riesgos de la cirugía lumbar
Los riesgos específicos de esta intervención son poco frecuentes.
Entre ellos se incluyen:
Lesiones neurológicas (alrededor del 1%), que pueden manifestarse como alteraciones de la fuerza o de la sensibilidad
Fuga de líquido cefalorraquídeo (LCR) por lesión de la duramadre
Si se detecta durante la cirugía, se repara en el mismo acto
En casos puntuales puede requerir reposo o una nueva intervención
En aproximadamente un 2% de los casos, la hernia discal puede reaparecer (recidiva), ya sea a corto, medio o largo plazo, pudiendo requerir una nueva cirugía.
La estenosis de canal lumbar es el estrechamiento del canal vertebral en la zona baja de la espalda, lo que provoca compresión de las estructuras nerviosas. Dependiendo del nivel afectado, puede comprimirse el cono medular (en niveles lumbares altos) o las raíces nerviosas y la cola de caballo en los niveles inferiores.
Puede afectar a un solo nivel o a varios segmentos de la columna.

¿Por qué aparece la estenosis lumbar?
La estenosis lumbar es más frecuente en personas de edad avanzada y suele estar relacionada con cambios degenerativos de la columna.
En personas más jóvenes puede aparecer por:
Estenosis congénita del canal
Lesiones traumáticas de la columna vertebral
Síntomas más habituales
Los síntomas suelen aparecer de forma progresiva y lenta.
Los más frecuentes son:
Sensación de pesadez o hormigueo en las piernas
Dolor o debilidad al caminar
Claudicación neurógena, con reducción importante de la distancia que se puede caminar
Dificultad para permanecer de pie durante mucho tiempo
Muchos pacientes caminan de forma espontánea ligeramente inclinados hacia delante, ya que esta postura aumenta el espacio del canal vertebral y les permite caminar algo más.
Tratamiento conservador
En fases iniciales, el tratamiento suele ser no quirúrgico, e incluye:
Medicación analgésica y antiinflamatoria
Modificación de actividades
Ejercicios específicos y fisioterapia
Uso puntual de faja lumbar
Infiltraciones epidurales
Estos tratamientos pueden aliviar los síntomas, aunque no corrigen el estrechamiento del canal.
¿Cuándo está indicada la cirugía?
Cuando los síntomas son persistentes, progresivos o limitan de forma importante la marcha y la calidad de vida, se plantea el tratamiento quirúrgico.
La cirugía consiste en una descompresión del canal vertebral para liberar las estructuras nerviosas comprimidas.
Se realiza habitualmente por vía posterior, ampliando el canal a nivel:
Central
Lateral
Foraminal
Para ello se retiran las estructuras óseas y ligamentosas responsables de la compresión, respetando las articulaciones para evitar inestabilidad vertebral.
👉 En la mayoría de los casos no es necesario utilizar tornillos ni barras.
Recuperación tras la cirugía
Se coloca un drenaje aspirativo durante 24–48 horas para evitar hematomas
El paciente suele levantarse al día siguiente
Se permiten paseos cortos
Se autoriza la sedestación
Se recomienda el uso de faja lumbar, especialmente si se han intervenido varios niveles
El alta hospitalaria suele producirse entre el segundo y cuarto día.
Riesgos de la cirugía de estenosis lumbar
Las complicaciones son poco frecuentes y las habituales de los abordajes posteriores lumbares:
Infección superficial o profunda (1–2%)
Afectación neurológica radicular (alrededor del 1%)
Lesión dural con fuga de líquido cefalorraquídeo (1%)
Estas complicaciones suelen ser reversibles con el tratamiento adecuado.
La mielopatía cervical es la afectación de la médula espinal a nivel del cuello, generalmente causada por una compresión progresiva y habitualmente relacionada con cambios degenerativos de la columna cervical.
En muchos casos, los pacientes pueden presentar síntomas leves o poco claros durante años, por lo que su diagnóstico requiere un alto grado de sospecha clínica.

Síntomas de la mielopatía cervical
Los síntomas pueden variar según la zona de la médula afectada y el grado de compresión.
Los más habituales incluyen:
Pérdida de fuerza en brazos y/o piernas
Alteraciones de la sensibilidad (hormigueos, torpeza)
Problemas de equilibrio y marcha inestable
Dificultad para realizar movimientos finos con las manos
En casos más avanzados, alteraciones de la función de los esfínteres
Estos síntomas suelen aparecer de forma progresiva, aunque en algunos casos pueden empeorar de manera más rápida.
¿Cuándo está indicado el tratamiento quirúrgico?
El tratamiento de la mielopatía cervical suele ser quirúrgico, ya que la médula espinal es una estructura muy sensible y la compresión mantenida puede provocar daño neurológico irreversible.
El objetivo de la cirugía es descomprimir la médula espinal y evitar la progresión del deterioro neurológico.
¿En qué consiste la cirugía de la mielopatía cervical?
La técnica quirúrgica se elige en función de:
El número de niveles afectados
La localización de la compresión
La alineación de la columna cervical
Puede realizarse mediante:
Abordaje anterior
Extracción del disco (discectomía cervical)
En algunos casos, resección de uno o varios cuerpos vertebrales (corpectomía)
Colocación de dispositivos intervertebrales y placas de estabilización
Abordaje posterior
Descompresión mediante laminectomía (resección de las láminas)
O laminoplastia, ampliando el canal vertebral para liberar la médula
En ocasiones se combinan técnicas según la complejidad del caso.
Recuperación tras la cirugía
Tras la intervención:
Se utiliza un collarín cervical de protección
Se recomienda una dieta blanda o triturada durante los primeros días por la posible dificultad para tragar
El paciente puede levantarse y caminar desde el primer día
Se mantiene un drenaje durante las primeras 24 horas para evitar la formación de hematomas
La evolución clínica suele ser progresiva y depende del grado de afectación neurológica previo a la cirugía.
Riesgos de la cirugía cervical
Las complicaciones son poco frecuentes, aunque pueden variar según la vía de abordaje utilizada.
Los riesgos específicos incluyen:
Lesiones neurológicas (médula, raíces nerviosas o duramadre)
Lesiones vasculares (arteria vertebral o carótida)
Estas complicaciones son excepcionales (alrededor del 1%).
Cuando la médula o los nervios han estado comprimidos durante mucho tiempo, la recuperación puede ser incompleta o lenta, incluso tras una cirugía correctamente realizada.
En casos poco frecuentes, puede aparecer un hematoma cervical que ocasione dificultad respiratoria (alrededor del 1%), pudiendo requerir una intervención urgente para su drenaje.
Otros riesgos menos frecuentes incluyen:
Alteraciones temporales de la voz por afectación del nervio laríngeo recurrente
Caída del párpado (síndrome de Horner)
Estas complicaciones, que ocurren en aproximadamente un 1–2% de los casos, suelen resolverse en el plazo de unos meses.
La espondilolistesis ístmica ( o lítica) se produce cuando una vértebra se desplaza hacia delante sobre la que tiene debajo, debido a una pequeña fractura o defecto óseo en una zona llamada pars interarticularis, que conecta las articulaciones posteriores de la vértebra.
Este defecto óseo suele aparecer a edades tempranas, generalmente por microtraumatismos repetidos o esfuerzos en la columna. Sin embargo, en muchos casos los síntomas no aparecen hasta la edad adulta.

¿Con qué frecuencia aparece?
Entre un 5 y un 7% de la población presenta una fractura de la pars interarticularis o una espondilolistesis ístmica.
👉 En la mayoría de los casos no produce síntomas (hasta un 80%).
Solo alrededor del 15–20% de los pacientes llegan a necesitar tratamiento quirúrgico.
Síntomas más frecuentes
Cuando la espondilolistesis ístmica es sintomática, puede provocar:
Dolor lumbar crónico
Dolor irradiado a una o ambas piernas
Rigidez lumbar
En casos más avanzados, afectación de los nervios de las extremidades inferiores
Tratamiento conservador
El tratamiento inicial suele ser no quirúrgico, especialmente en fases leves o moderadas, e incluye:
Analgésicos y antiinflamatorios
Ejercicios de potenciación de la musculatura lumbar y abdominal
Modificación de actividades
Uso puntual de ortesis o faja lumbar
¿Cuándo está indicada la cirugía?
La cirugía se plantea en casos de:
Dolor lumbar crónico que no responde al tratamiento conservador
Afectación neurológica en las piernas
Inestabilidad vertebral significativa
El objetivo de la intervención es estabilizar el segmento desplazado, aliviar el dolor y proteger las estructuras nerviosas.
¿En qué consiste la cirugía?
El tratamiento quirúrgico suele consistir en una artrodesis lumbar, es decir, la fusión del segmento afectado.
En la mayoría de los casos se utilizan:
Implantes de fijación (tornillos y barras)
Cajas intervertebrales para mejorar la estabilidad y favorecer la fusión ósea
(técnicas como PLIF, TLIF u otras variantes)
La técnica se adapta a cada paciente según el grado de desplazamiento y los síntomas.
Recuperación tras la cirugía
El paciente puede levantarse al día siguiente
Se mantiene un drenaje durante aproximadamente 48 horas
No suele ser necesario el uso de corsé postoperatorio
Puede caminar y sentarse periodos cortos
El alta hospitalaria se produce habitualmente entre el tercer y cuarto día
Riesgos de la cirugía
Las complicaciones dependen del tipo de abordaje, aunque en general son poco frecuentes.
En los abordajes posteriores, el riesgo global es de aproximadamente un 4%, e incluye:
Infección (1–2%)
Déficit neurológico radicular (1%)
Fuga de líquido cefalorraquídeo por lesión dural (1%)
Estas complicaciones suelen ser reversibles con el tratamiento adecuado.
Cuando estamos de pie, las vértebras soportan fuerzas que tienden a que una vértebra se deslice sobre la que tiene debajo.
Estas fuerzas se compensan gracias al tono de la musculatura lumbar y abdominal.
Con el paso del tiempo, la columna pierde flexibilidad y se vuelve más rígida. Se produce una pérdida de la curvatura lumbar normal (lordosis), lo que genera un desequilibrio en la columna. Para compensarlo, aumentan las fuerzas que favorecen el deslizamiento vertebral.
Además, con el envejecimiento también se pierde tono muscular, lo que facilita la aparición de la espondilolistesis degenerativa.

Síntomas más habituales
La espondilolistesis degenerativa suele manifestarse como:
Dolor lumbar crónico (lumbalgia)
Rigidez en la zona baja de la espalda
Dolor al permanecer de pie o caminar mucho tiempo
En algunos casos puede asociarse a:
Ciática
Síntomas de estenosis de canal lumbar, como dolor o debilidad en las piernas
Tratamiento conservador
El tratamiento inicial es no quirúrgico en la mayoría de los casos.
Un programa intensivo de ejercicio durante 3–4 meses es la forma más eficaz de mejorar la lumbalgia asociada a la espondilolistesis degenerativa.
Es fundamental:
Fortalecer la musculatura lumbar y abdominal
Trabajar la elasticidad de la musculatura de las piernas
Mejorar el control postural
Los antiinflamatorios son útiles en los periodos de reagudización del dolor, siempre durante periodos cortos.
Los relajantes musculares también pueden ayudar a controlar el dolor lumbar.
¿Cuándo está indicada la cirugía?
La cirugía se reserva para los casos más severos, cuando:
El dolor lumbar es realmente incapacitante
El tratamiento conservador ha fracasado
Existen síntomas neurológicos, como ciática o estenosis de canal
En estos casos, la cirugía puede resolver el dolor y mejorar de forma significativa la calidad de vida.
¿En qué consiste la cirugía?
La técnica de elección es la artrodesis vertebral, que consiste en:
Fusionar las vértebras afectadas para evitar el deslizamiento
Utilizar tornillos pediculares para estabilizar el segmento
Asociar una laminectomía para liberar los nervios comprimidos
En algunos casos se utilizan cajas intervertebrales para mejorar la estabilidad y favorecer la fusión ósea, mediante diferentes abordajes:
PLIF
TLIF
ALIF
La técnica se selecciona de forma individualizada según cada paciente.
Recuperación tras la cirugía
Se mantiene un drenaje durante aproximadamente 48 horas
El paciente puede levantarse entre las 24 y 48 horas
Se utiliza una sonda urinaria hasta que el paciente se incorpora
Se permiten paseos cortos y sedestación durante periodos limitados
El control del dolor se realiza mediante analgesia continua
El alta hospitalaria suele producirse entre el tercer y cuarto día
En cirugías de varios niveles, este proceso puede alargarse ligeramente.
Riesgos de la cirugía
Las complicaciones dependen del tipo de abordaje, aunque en general son poco frecuentes.
En los abordajes posteriores, el riesgo global es de alrededor del 4%, e incluye:
Infección (1–2%)
Déficit neurológico radicular (1%)
Fuga de líquido cefalorraquídeo por lesión dural (1%)
Estas complicaciones suelen ser reversibles con el tratamiento adecuado.
En cirugías extensas de múltiples niveles, puede existir un riesgo mayor de pérdida sanguínea, pudiendo requerir transfusión en casos puntuales.
La prótesis de disco cervical, también llamada artroplastia cervical, es una técnica quirúrgica que consiste en descomprimir la médula espinal y/o las raíces nerviosas mediante la extracción del disco dañado (discectomía cervical) y su sustitución por una prótesis móvil.
La intervención se realiza habitualmente por la parte anterior del cuello y permite reconstruir el espacio del disco retirado manteniendo el movimiento natural del segmento cervical.

¿Cuál es el objetivo de la prótesis de disco cervical?
A diferencia de la artrodesis cervical (fusión), la prótesis de disco tiene como objetivo:
Mantener la movilidad del cuello
Reducir la sobrecarga sobre los discos vecinos
Aliviar el dolor y los síntomas neurológicos derivados de la compresión nerviosa
No todos los pacientes son candidatos a este tipo de cirugía, por lo que una valoración especializada es fundamental.
Recuperación tras la cirugía
Tras la intervención:
Se coloca un drenaje temporal para evitar la formación de hematomas, que suele retirarse a las 24 horas
Es frecuente notar dificultad para tragar (disfagia), que normalmente se resuelve de forma espontánea en pocas semanas
El paciente puede levantarse al día siguiente
El alta hospitalaria suele producirse al segundo día
Se recomienda el uso de un collarín blando durante las primeras semanas
La recuperación suele ser rápida y progresiva.
Riesgos de la cirugía de prótesis cervical
Como en cualquier intervención quirúrgica, existen riesgos, aunque son poco frecuentes.
Los riesgos específicos incluyen:
Lesiones neurológicas (médula espinal, raíces nerviosas o duramadre)
Lesiones vasculares (arteria vertebral o carótida)
Estas complicaciones son excepcionales (alrededor del 1%).
Cuando la compresión nerviosa o medular ha sido prolongada, la recuperación neurológica puede ser incompleta o lenta, incluso tras una descompresión correcta.
En casos poco frecuentes, puede aparecer un hematoma cervical que ocasione dificultad respiratoria (aproximadamente en el 1% de los casos), pudiendo requerir una intervención urgente para su drenaje.
Otros riesgos menos frecuentes incluyen:
Alteraciones temporales de la voz por afectación del nervio laríngeo recurrente
Caída del párpado (síndrome de Horner)
Estas complicaciones, que se presentan en torno al 1–2% de los casos, suelen resolverse en el plazo de unos meses.
La deformidad del adulto, también conocida como escoliosis degenerativa, es una patología de la columna que puede provocar dolor importante, limitación funcional e incapacidad progresiva.
El objetivo del tratamiento quirúrgico es:
Corregir la deformidad
Proteger las estructuras neurológicas (médula espinal y raíces nerviosas)
Mantener la columna en una posición equilibrada y estable
Evitar la progresión de la deformidad, ya que esta puede producir lesiones neurológicas más graves con el tiempo.

¿En qué consiste la cirugía de la deformidad del adulto?
Para estabilizar y corregir la columna se utilizan implantes metálicos, como:
Tornillos pediculares
Cajas intervertebrales entre los cuerpos vertebrales
De este modo se consigue una artrodesis circunferencial, es decir, una fusión sólida y definitiva de los segmentos afectados.
Para favorecer la unión ósea se asocia:
Injerto óseo, que puede ser local, de la cresta ilíaca o procedente de banco de huesos
En algunos casos, sustitutos óseos
Vías de abordaje quirúrgico
La cirugía se realiza habitualmente por vía posterior, aunque en casos complejos puede ser necesario:
Un doble abordaje (anterior y posterior)
Realizar la cirugía en un solo tiempo quirúrgico o en intervenciones separadas
En determinadas deformidades más severas, puede ser necesario realizar osteotomías vertebrales, que son técnicas más complejas destinadas a conseguir una mayor corrección angular de la columna.
Riesgos de la cirugía de deformidad vertebral
La cirugía de corrección de deformidades es una cirugía compleja, y sus riesgos son mayores que en intervenciones más simples de la columna.
Los riesgos específicos incluyen:
Lesiones neurológicas, aunque poco frecuentes, que pueden ser graves
(alteraciones motoras o sensitivas, síndrome de cola de caballo, disfunciones sexuales)
Para reducir estos riesgos, se utiliza de forma habitual la monitorización neurofisiológica intraoperatoria, realizada por especialistas, que permite controlar en tiempo real la función neurológica durante la cirugía.
Otros riesgos específicos son:
Persistencia de dolor residual
Recidiva de la deformidad
Aparición de deformidades en los segmentos adyacentes (por encima o por debajo de la zona operada), que pueden requerir una nueva intervención
En términos generales:
El riesgo global en la corrección de deformidades del adolescente se sitúa en torno al 10%
En la deformidad del adulto, estos riesgos pueden aumentar hasta el 25–30%
La posibilidad de reintervención en adultos se sitúa aproximadamente en el 25%
Fracaso de la artrodesis y factores de riesgo
Existe la posibilidad de fracaso de la artrodesis, siendo la causa más frecuente la falta de unión del injerto óseo (pseudoartrosis).
El tabaco es un factor de riesgo claramente demostrado para la falta de consolidación ósea.
👉 Por este motivo, se recomienda dejar o reducir de forma significativa el hábito tabáquico al menos dos o tres meses antes de la cirugía.
Si se produce una pseudoartrosis, puede ser necesaria una nueva intervención para aportar más injerto óseo y revisar la instrumentación vertebral.
La radiofrecuencia lumbar, también conocida como rizólisis, es un tratamiento mínimamente invasivo indicado para el control del dolor lumbar crónico, especialmente cuando este se origina en las articulaciones facetarias de la columna.
No se trata de una cirugía y su objetivo es interrumpir la transmisión del dolor, sin alterar la estructura de la columna vertebral.

¿En qué consiste la radiofrecuencia lumbar?
La técnica consiste en aplicar energía de radiofrecuencia sobre los pequeños nervios responsables de transmitir el dolor desde las articulaciones de la columna.
Este procedimiento:
Se realiza con control radiológico
No requiere incisiones quirúrgicas
Actúa de forma selectiva sobre el nervio del dolor
No daña la médula ni las raíces nerviosas

¿Para quién está indicada?
La radiofrecuencia lumbar está indicada en pacientes con:
Dolor lumbar crónico de origen facetario
Artrosis de las articulaciones facetarias
Dolor lumbar mecánico persistente
Buena respuesta previa a infiltraciones diagnósticas
Es especialmente útil cuando el tratamiento conservador no ha sido suficiente y no existe indicación quirúrgica.
Beneficios de la radiofrecuencia
Alivio significativo del dolor
Procedimiento ambulatorio
Recuperación rápida
Reducción del consumo de analgésicos
Mejora de la calidad de vida
El efecto de la radiofrecuencia no es permanente, ya que los nervios pueden regenerarse con el tiempo.
En muchos casos, el alivio del dolor puede durar meses o incluso más de un año.
Recuperación tras el procedimiento
El paciente puede levantarse y caminar el mismo día
Puede retomar la actividad habitual de forma progresiva
Es normal notar una ligera molestia local durante los primeros días
Riesgos del tratamiento
La radiofrecuencia lumbar es un procedimiento seguro, con un riesgo de complicaciones muy bajo.
De forma excepcional pueden aparecer:
Molestias locales transitorias
Pequeños hematomas
Aumento temporal del dolor
Las complicaciones graves son muy poco frecuentes.
Decisiones médicas con información clara
Cada paciente es diferente. El tratamiento adecuado depende de su diagnóstico, síntomas y situación personal. Una valoración especializada es clave para tomar la mejor decisión.
